Un estudio de la Universidad Austral y la Bolsa de Comercio de Rosario proyecta un fuerte salto productivo si se modifican las condiciones que hoy limitan la inversión en el sector. El informe destaca además el peso del agro en el empleo, el PBI y la generación de divisas.
La producción agrícola argentina podría experimentar un crecimiento significativo en los próximos diez años si se generaran condiciones que impulsen la inversión y el desarrollo tecnológico en el sector. Según un informe elaborado por la Universidad Austral en conjunto con la Bolsa de Comercio de Rosario, el país estaría en condiciones de alcanzar las 251 millones de toneladas de granos hacia la próxima década si se eliminaran las retenciones a las exportaciones.
El trabajo señala que el agro argentino cuenta con una base productiva sólida y con una enorme capacidad de expansión, aunque advierte que el potencial del sector muchas veces se encuentra condicionado por factores macroeconómicos que limitan el crecimiento.
Guillermo D’Andrea, profesor del IAE Business School de la Universidad Austral, remarcó que el país dispone de una plataforma agroindustrial de gran competitividad, pero que el desarrollo futuro dependerá en gran medida de generar un entorno que favorezca la inversión, la innovación tecnológica y la incorporación de nuevas herramientas productivas.
Actualmente, el complejo agroindustrial tiene un rol determinante en la economía nacional. De acuerdo con los datos del estudio, el sector aporta alrededor del 23% del Producto Bruto Interno (PBI) y explica cerca del 60% de las exportaciones totales del país, con los complejos oleaginosos y cerealeros representando casi la mitad de esas divisas.
A esto se suma su fuerte impacto en el empleo. La cadena agroindustrial involucra a más de 4,2 millones de personas, lo que equivale aproximadamente al 18,7% del empleo total, considerando todas las etapas que van desde la investigación y el desarrollo hasta la logística, el transporte y la comercialización.
Las estimaciones productivas también muestran un panorama alentador para las campañas más recientes. Según proyecciones de la Bolsa de Comercio de Rosario, la cosecha fina 2025/26 podría alcanzar 27,7 millones de toneladas, con un aporte superior a los 4.500 millones de dólares. En tanto, la cosecha gruesa se ubicaría en torno a 154 millones de toneladas, con ingresos estimados entre 32.000 y 37.000 millones de dólares.
Sin embargo, el informe también advierte que para aprovechar plenamente la creciente demanda mundial de alimentos será clave acelerar la adopción de tecnología y mejorar la productividad de los cultivos.
Un ejemplo claro aparece en el cultivo de soja. Mientras que Brasil logró en la campaña 2024/2025 un rendimiento promedio cercano a 3,5 toneladas por hectárea, en la Argentina ese promedio se ubica alrededor de 2,5 toneladas por hectárea, lo que evidencia una brecha productiva importante.
Especialistas del sector señalan que esa diferencia responde principalmente a dos factores: el nivel de inversión tecnológica y la escala productiva. En ese sentido, el desarrollo de nuevas biotecnologías, la mejora genética de los cultivos y la adopción de herramientas de precisión aparecen como elementos clave para reducir esa distancia.
En un escenario global donde la demanda de alimentos continúa creciendo y el comercio internacional muestra perspectivas de expansión, el agro argentino se enfrenta a una oportunidad estratégica para consolidar su rol como uno de los grandes proveedores de alimentos del mundo.
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